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sábado, 30 de marzo de 2013

OCURRIO EN SEMANA SANTA



   Llevaba  casi una semana recluido en casa y, de ella, dos días  encamado porque las fiebres como mejor se llevan es en postura horizontal. Hoy, día de Sabado Santo, me acorde de un refrán que dice: “ Para el catarro el jarro y si no se quita la botellita”, así que, a partir de las 12,30 horas, ya estaba mi cuerpo enfrentado a la barra de un bar en las inmediaciones de mi domicilio, solicitando la temporera limonada que tan bien hace al cuerpo e incluso al alma
- Y de tapa que desean. Tengo patatas alioli, hígado encebollado, pimientos, garbanzos con callos, morcilla…
   Ahí lo paré en seco,- ¡morcilla!,- y  bajando la voz continué,- para mí-. Mire a mi alrededor como avergonzándome de haber gritado, más de lo estrictamente necesario, pero en el bullicio del local parece que no desentonó el grito.
   Qué les voy a contar sobre la morcilla de León colocada humeante encima de una rebanada de pan. Pues les voy a decir que uno no sabe que atacar primero, si la limonada o descerrajarle un bocado a la tapa con suaves aromas de canela. 

Limonada y morcilla


   ¡En fin!, que no he esperado al Domingo de Resurrección para sentirme de nuevo vivito y coleando y, ¡por Dios!, que yo no soy muy semanasantero, pero les puedo asegurar que la ronda de este Sábado Santo,  por las inmediaciones de mi domicilio junto a mi mujer,  me ha hecho mucho bien. Y hablando de rondas, el Jueves Santo, tiene lugar en León un acto singular y propio de la tradición leonesa, a partir de las 12,00 de la noche, organizado por la Cofradía del Duce Nombre de Jesús Nazareno y es la Ronda, en la que cuatro hermanos de esta cofradía ataviados con la indumentaria propia, pero descubiertos, comienzan sus “toques” para los que se apoyan de una esquila, un clarín y un tambor y con desgarradora voz gritan: “ Levantaos, hermanitos de Jesús, que ya es hora”.