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sábado, 30 de marzo de 2013

OCURRIO EN SEMANA SANTA



   Llevaba  casi una semana recluido en casa y, de ella, dos días  encamado porque las fiebres como mejor se llevan es en postura horizontal. Hoy, día de Sabado Santo, me acorde de un refrán que dice: “ Para el catarro el jarro y si no se quita la botellita”, así que, a partir de las 12,30 horas, ya estaba mi cuerpo enfrentado a la barra de un bar en las inmediaciones de mi domicilio, solicitando la temporera limonada que tan bien hace al cuerpo e incluso al alma
- Y de tapa que desean. Tengo patatas alioli, hígado encebollado, pimientos, garbanzos con callos, morcilla…
   Ahí lo paré en seco,- ¡morcilla!,- y  bajando la voz continué,- para mí-. Mire a mi alrededor como avergonzándome de haber gritado, más de lo estrictamente necesario, pero en el bullicio del local parece que no desentonó el grito.
   Qué les voy a contar sobre la morcilla de León colocada humeante encima de una rebanada de pan. Pues les voy a decir que uno no sabe que atacar primero, si la limonada o descerrajarle un bocado a la tapa con suaves aromas de canela. 

Limonada y morcilla


   ¡En fin!, que no he esperado al Domingo de Resurrección para sentirme de nuevo vivito y coleando y, ¡por Dios!, que yo no soy muy semanasantero, pero les puedo asegurar que la ronda de este Sábado Santo,  por las inmediaciones de mi domicilio junto a mi mujer,  me ha hecho mucho bien. Y hablando de rondas, el Jueves Santo, tiene lugar en León un acto singular y propio de la tradición leonesa, a partir de las 12,00 de la noche, organizado por la Cofradía del Duce Nombre de Jesús Nazareno y es la Ronda, en la que cuatro hermanos de esta cofradía ataviados con la indumentaria propia, pero descubiertos, comienzan sus “toques” para los que se apoyan de una esquila, un clarín y un tambor y con desgarradora voz gritan: “ Levantaos, hermanitos de Jesús, que ya es hora”. 

domingo, 8 de abril de 2012

Entre pasos y limonadas unas ninfas






"El secreto de la vida está en tener una tarea..., algo en lo que poner toda el alma..., y lo más importante es que debe ser algo que sea imposible de hacer."

   He tomado prestado este pensamiento porque en relación a la pesca todos los que montamos señuelos buscamos, no la imitación perfecta, porque hay montadores que lo hacen tan bien que sus bichos sólo necesitan un aliento de vida, sino la panacea de los señuelos, es decir, aquel ante el cual las truchas se peguen unas con otras por llegar la primera a su bocado preferido y difícil de encontrar; pues en esas estoy yo, probando y probando. Estos día, como no he podido ir a pescar, lluvia, procesiones, limonadas, pues me he concentrado en buscar el “perdigón” perfecto y he montado unos cuantos. Ahora hay que ir al río a probarlos, pues hoy han finalizado los días de procesiones y limonadas y es que cuando se va al río no se puede beber alcohol, pues se envalentona uno y se pone a cruzar, subir o bajar el río por donde  no se debe, en fin, también es cuestión de edad.   













sábado, 31 de marzo de 2012

Se abre la veda


  



   Dice la leyenda que una vez que fueron expulsados los judíos y no teniendo contra quien vengarse por la muerte de Jesucristo, los leoneses cuando  acudían a la tabernas  tomaban  limonada mencionando  que, por cada limonada, era como matar o expulsar a un judío.  En la actualidad se sigue tomando limonada en León en la Semana Santa y se siguen “matando judíos”, pero no somos antisemitas, ni el hecho tiene connotaciones racistas, simplemente nos gusta la limonada. La clásica estaría compuesta de unos cinco litros de vino, uno de agua, un kilogramo de azúcar, el zumo de un kilo de limones  y dos ramas de canela; todo ello bien mezclado se deja reposar una semana y a “matar judíos” durante toda la Semana Santa.

   Bueno pues entre limonada y limonada habrá que varear el río, esa es una de las primeras imágenes  que tengo de los pescadores del río de mi pueblo, cuando con sus cañas largas de bambú vareaban una y otra vez el río Eria, unos con mosquitos y otros con cebo; por supuesto no llevaban vadeadores, a lo sumo las botas de ir a regar que no alcanzaban nada más que hasta la rodilla. Mañana, 1 de abril,  se inicia la temporada de pesca  y como todos los años recorreré alguna de las márgenes del río Eria, dando rienda suelta a mi subconsciente pescador, creado a través de generaciones de mis antepasados y probablemente con idéntico resultado a los años últimos,  alguna que otra pequeña, no obstante puedo encontrar el grato placer de que algún pescador, al que le sobre tiempo,  comparta experiencias pasadas de tiempos mejores conmigo. Mi cuerda llevará como rastro una ninfa de faisán,  de ahogada un paja, semiahogada  un verde marzo, semibailarina  un violeta y bailarina un pardón.