Había estado con el que previsiblemente en un futuro será
mi yerno en el coto sin muerte de Villomar, el pasado sábado día 13, y la tormenta nos echo del río a las
cinco de la tarde. Desde que García Lorca escribió el poema de llanto por la
muerte del torero Ignacio Sánchez Mejías, cualquier hecho no deseado que nos
ocurre a esa hora, en nuestro fuero interno confirmamos - no podía ser en otra
hora-. Lorca la dejó gafada, sobre todo con los últimos versos:
¡Ay,
qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran
las cinco en todos los relojes!
¡Eran
las cinco en sombra de la tarde!
| Foto acuática |
Durante el rato que estuvimos pescando, por fin cogí una trucha con la saltona el mes de julio. Quiero agradecer a Roberto la información del montaje de esta saltona que me pasó el día 8 de este mes, en
la sección de comentarios. Se lo agradezco porque este año estoy reñido con los
tricópteros en las jornadas de
tarde y ya estaba pensando en colocarme yo como saltona al final de la
cuerda. Sirva como agradecimiento la fotografía acuática ( o como se diga)
de esta trucha que pesqué el
pasado sábado en el Esla con su saltona y la otra de cerca de una trucha que
pesqué hoy.
| Saltona de Roberto |
Y
es que lo mío no tiene remedio. La jornada del sábado fue tan corta que para lo único que me sirvió fue para
crearme nostalgia y añoranza de más
horas de río, que se fueron incrementando el domingo y el lunes;
así que el martes, en un
arranque de los míos, tomé los
bártulos a las 13,00 horas y me dije:
punto de destino el Esla. Pues no, sólo llegué a Mansilla de las Mulas,
porque tanto el Porma como el Esla
venían muy, pero que muy embarrados.







